La gente común tiene odios básicos y conocidos. Osama Ben Laden; los cartoneros; los chorros; los violadores; Néstor y Cristina.
Mi querida amiga Violeta, como siempre, se sale de la vaina. Ella detesta a los taxistas. Se sube al auto sabiendo que en algún momento un comentario del chofer va a alterar su paciencia. Con ustedes, la Violencia contra los taxistas.
Violeta: (llorando desconsolada arriba del taxi, con los pelos pegados a los cachetes) Es un hijo de puta! Son todos una mierda, son todos iguales!
Taxista: (con buena intención, lo juro) Bueno, no somos todos iguales (dijo con voz suave).
Violeta: (previo poner una cara de sacadita loca del carajo)¿¿¿QUEEEÉ??? QUÉ ME HABLAS. SON TODOS UNA MIERDA. TODOS IGUALES.(avanzando sobre el taxista como para cagarlo a trompadas por la interrupción de la catarsis)
Taxista: (medio sordo por los gritos y con miedo de que la loca le emboque un bollo) Bueno, disculpame, solo quería ayudar.
Violeta: ¡¡¡¡NO TE METAAAAASSSS!!!!
Por supuesto, el señor del taxi no abrió más la boca hasta destino.
Ceci intentaba contener a la fiera sin éxito. Conclusión: Violeta hasta este instante sigue pensando que sus gritos fueron razonables.