lunes, 27 de julio de 2009

La exacta definición de los celos (o por lo menos de los míos)

Como celoso sufro cuatro veces: porque estoy celoso, porque me reprocho el estarlo, porque temo que mis celos hieran al otro, porque me dejo someter a una nadería: sufro por ser excluido, por ser agresivo, por ser loco y por ser ordinario.

Roland Barthes, "Fragmentos de un discurso amoroso"

miércoles, 8 de julio de 2009

La verdadera historia de lo que ocurrió el 28/06 dentro del Hotel Intercontinental

Top five de las frases de las boludas

Si querés recibirte de pelotuda sin un gramo de materia gris, hay un extenso catálogo de frases a las que podés recurrir. Por alguna extraña razón, a los flaquitos estas cosas los atraen (o se dan cuenta lo fácil que puede ser sacarse de encima una mina tan vacía). Primera entrega:

5- Qué divertida que es tu remera.

4- (a los 25 años) ¿A qué colegio fuiste?

3- Estoy estresada (San Isidro’s babe)

2- Muero por el chocolate, como mil por día (30 kilos mojada)

1- Qué ihino que sos, muy ihino (Ihino: divino. No existe la d ni la v en su léxico)

Escriban las que ustedes sepan. Seguro que tienen en su memoria muchísimas más.

La Violencia contra los taxistas

La gente común tiene odios básicos y conocidos. Osama Ben Laden; los cartoneros; los chorros; los violadores; Néstor y Cristina.
Mi querida amiga Violeta, como siempre, se sale de la vaina. Ella detesta a los taxistas. Se sube al auto sabiendo que en algún momento un comentario del chofer va a alterar su paciencia. Con ustedes, la Violencia contra los taxistas.

Violeta: (llorando desconsolada arriba del taxi, con los pelos pegados a los cachetes) Es un hijo de puta! Son todos una mierda, son todos iguales!
Taxista: (con buena intención, lo juro) Bueno, no somos todos iguales (dijo con voz suave).
Violeta: (previo poner una cara de sacadita loca del carajo)¿¿¿QUEEEÉ??? QUÉ ME HABLAS. SON TODOS UNA MIERDA. TODOS IGUALES.(avanzando sobre el taxista como para cagarlo a trompadas por la interrupción de la catarsis)
Taxista: (medio sordo por los gritos y con miedo de que la loca le emboque un bollo) Bueno, disculpame, solo quería ayudar.
Violeta: ¡¡¡¡NO TE METAAAAASSSS!!!!

Por supuesto, el señor del taxi no abrió más la boca hasta destino.
Ceci intentaba contener a la fiera sin éxito. Conclusión: Violeta hasta este instante sigue pensando que sus gritos fueron razonables.