Este video, que puede parecer una pelotudez, me arrancó lágrimas y me hizo reflexionar acerca de la realización de nuestros "sueños". Los pongo entre comillas, porque me parecen que muchas veces nos ponemos metas, esos "sueños", que nos terminan ahogando, generan angustia y no nos dejan disfrutar de los momentos reales y espontáneos que la cotideaneidad nos regala.
Mi hermano me explicó que el pájaro Kiwi, el mismo que es protagonista de este video, lamentablemente no puede volar. Este personaje pasa su vida armando un escenario para, por fin, poder cumplir su sueño: Volar. Efectivamente lo cumple, pero termina muriendo.
¿Muere feliz? ¿Es necesario morir por un sueño? ¿Debemos agotar todas los caminos, aunque uno de ellos sea la parca? O peor aún, quedarse lastimado psicológicamente y sentimentalmente por poner todo en ese sueño.
No lo se. Últimamente no se nada de nada. Creo que los sueños tienen un límite. Confío en que, si el destino no decidió que volar era para nosotros, es porque otra alternativa maravillosa nos espera.
Quizá soy una pelotuda sin esperanzas por pensar esto, pero cuándo se pretende lo imposible o lo que nos puede fisurar el cuerpo o la mente, creo que habría que dejarlo a un lado. Simplemente porque nos agobia, nos embarra y nos enceguece. Hay algunos sueños que son una insana imposición de nuestra psiquis.
Las preguntas sin respuesta, al menos para mi: ¿Cómo hago para sacarme ese sueño de encima y rendirme ante lo deseado? ¿Cómo hago para soltar ese sueño y quedarme con la duda de que, un buen día y por arte de magia, podía cumplirse eso tan esperado? ¿Cómo encuentro el sueño de mi destino? ¿Ese destino lo creamos nosotros o al menos partde de él ya nos vine escrito?
Muchachos/as, no existe la magia y lo perfecto es tan sólo una aspiración.
Mientras tanto yo sigo clavando árboles como el Kiwi. Pero dudo que un día tenga las pelotas para arriesgarme y tirarme de cabeza al vacío.