jueves, 27 de mayo de 2010

Bicho obvio

Peor que un bicho tonto, es el que no lo es. El peor bicho es el que camina sólo a la luz, a quemarse, porque tiene la magnífica intriga de lo que le pasará. Aunque sepa exactamente como se siente quemarse las alas.

Por qué el bicho transita hacia el inevitable dolor de lo conocido, que siempre confunde con lo dulce desconocido. Porque en el fondo tiene la esperanza de que ese foco cambie. Tiene la esperanza de haber encontrado “su” foco.

El bicho, por lo general, nunca es protagonista. En la mayorías de las historias es un espectador de aquellos que pueden acercarse a la luz sin siquiera sonrojarse.

Es que intenta, bajo todos los medios, ese pobre bicho, con su sonido, sus molestias y demás, ser captado por los dueños de la novela.

Alguno de los dos parece notarlo, pero a la larga ese tira el manotazo, lo espanta, y por desgracia para el pobre insecto, sólo queda el camino de la obvia luz.

Duele ser bicho. Más duele ser espectador.

martes, 4 de mayo de 2010

Fantaseando

“¿Por qué no soy maestra jardinera? Son medio boludas y terminan todas casadas con maridos obsecuentes. Tienen hijos y las suegras mueren rápido. Los padres de sus alumnos fantasean con ellas cada noche. No ganan mucha guita, pero tienen un trabajo seguro”. Ceci D. dixit.