
Hace poco menos de una semana comencé a escribir este blog. Como toda buena ególatra se lo pasé a mis amigas y conocidos con la esperanza de que completos desconocidos lo lean, cosa que todavía creo que no ha ocurrido.
Una lectora, conocida por supuesto, opinó lo siguiente: “Está bueno. Pero hay muchas puteadas”.
Ok, lo acepté porque soy una incurable guarra boca sucia, característica que solo controlo delante de algunos mayores y cuándo no estoy enojada.
Pero esta crítica me hizo reflexionar acerca de este tema profundamente
pelotudo y como casi siempre saqué una conclusión amarilla digna de
Chiche Gelblung: las puteadas y las faltas de ortografías reavivan a los textos.
No es cuestión de andar escribiendo como un burro hijo de puta, pero tampoco es auténtico sentarse delante de un papel en blanco y tenerle pánico, a no ser, por menos, algo parecido a
Gabo.
Conozco
cardúmenes de personas que tienen ideas maravillosas. Les digo que las escriban. Cuándo lo intentan se desaniman ¿Por qué? Creo que es el inmenso pánico a hacerlo mal, a no cumplir con las expectativas literarias. No se permiten ser auténticos porque quieren imitar a autores que tienen más de 40 años de estudio de letras.
No hay mucho que respetar, señores. Nosotros no hablamos como los personajes de "La Guerra y la Paz", ningún hombre contemporáneo cita los versos del Romeo de
Shakespeare y eso sucede simplemente porque pensaríamos que el muchacho está de la boina. Leemos a esos autores sabiendo que son de una época determinada y no sería real imitarlos.
Muchos textos se tornan aburridos, justamente porque les falta ese picante que despierta a los que se van durmiendo en el
subte. Ese toque puede ser una
puteda o una tremenda falta asquerosa de ortografía. Esta
guachada está bien permitida si es cometida a conciencia, con la certeza de que la palabra en cuestión está mal escrita y tiene un claro objetivo. Para ser más precisos hasta se recomienda un pie de página con la explicación de la burrada. Ejemplo:
María juntaba Flores por los campos de su abuelo Tito. Su alma pura, llena de felicidad, podía pasar horas contemplando los parrales y admirando sus preciosas hubas(1). (1) Burrada para que dejes de cabecear.Otro ejemplo, que es el yo implemento en mis textos, es el de la puteada.
Imagínense un texto de
Victor Hugo, allí por el 1800. Un poema cremoso,
pipón, llamado "Alborada":
Y brilla la aurora fantástica, inciertavelada en su mano de rico tisú.¿Por qué, niña hermosa, no se abre tu puerta?¿Por qué, cuándo el alba las flores despierta durmiendo estás tu, conchuda?Si hubiese estado esa palabra
soes podría haber
ocasionado una Revolución Francesa recargada.
Hoy, la puteada no genera enfrentamientos armados. Sin embargo, le da ritmo a los textos, casi tanto como los verbos. O por lo menos así lo creo yo, o tan solo debo defenderme de la crítica de la maldita lectora.
No viene mal tocarle el culo a la
Rehal Acádemia Ezpañola de ves en
chuando ¿Por qué he de escribir como algunos textos que no me reflejan? Las puteadas son una parte inamovible de mi ser, siempre que estén correctamente utilizadas en la oración.
Haz la prueba. Escribe un texto con una animalada. Verás la reacción.
Cualquier sabiondo me diría: “Si
necesitás de esos recursos es por porque tu texto no se sostiene solo, no es divertido”. En otro momento lo analizaré. Mientras tanto que me
la chupen.
(se que la foto no tiene mucho que ver con el texto, pero me causo gracia la onda de este mapamundi)